ENCUADRE Y COMPOSICIÓN 

Encuadrar es seleccionar los elementos que aparecerán en la foto, mientras que componer es ordenarlos para que la mirada encuentre el punto principal sin esfuerzo. Basada en artes clásicas como la pintura, la composición gira en torno al punto fuerte: el centro de interés hacia el que se dirige automáticamente la vista. Encuadrar implica aislar este punto de distracciones, y componer consiste en ubicarlo de forma que destaque en armonía con el resto de elementos.

Todo lo que incluyas en el encuadre debe aportar información útil o guiar hacia el motivo principal; de lo contrario, es mejor dejarlo fuera. Aunque estas normas funcionan en la mayoría de los casos, la fotografía también es intuición: no dudes en saltártelas cuando sientas que el resultado será visualmente más potente.

Formato horizontal o vertical 

Elegir el formato es la primera decisión fundamental, ya que condiciona por completo el encuadre. Como norma general, ajusta el formato a la disposición natural del sujeto o a los elementos que desees resaltar. En paisajes, el formato horizontal es el más habitual, pues se adapta mejor a la amplitud del horizonte y transmite una mayor sensación de extensión.

Sin embargo, si la escena cuenta con un cielo espectacular (como nubes atractivas), el formato horizontal puede quedarse corto. En este caso, el formato vertical es la mejor opción, ya que permite incluir un mayor porcentaje de cielo sin sacrificar al sujeto principal en tierra.

En el caso de los retratos, debido a la forma vertical del cuerpo humano, es éste el formato que suele emplearse mayormente. 


No obstante, en los retratos de personas en los que solo se muestre la cabeza o parte de la misma (también llamados tamaños de planos cerrados o primeros planos), suele optarse por el formato horizontal porque con ellos se logra un mayor equilibrio estético. 

La regla de los tercios 

Aunque existen excepciones, centrar totalmente un objeto no suele resultar armonioso. La regla de los tercios es la norma compositiva más básica: consiste en dividir la imagen con dos líneas horizontales y dos verticales. Los puntos donde estas líneas se cruzan son los de mayor interés visual. Al colocar tu sujeto principal sobre uno de estos puntos, lograrás que destaque mucho más que si estuviera en el centro.

En el ejemplo anterior podemos ver la diferencia de la misma escena tomada con el objeto principal centrado y con éste mismo ajustándose a un tercio. La toma que está descentrada tiene más fuerza, equilibrio y armonía que la toma que está centrada. 
Otros ejemplos de utilización de la regla de los tercios: 

La principal excepción a la regla de los tercios es la simetría. En estos casos, el centro se convierte en un punto fuerte, ya que el equilibrio visual de los elementos situados alrededor guía la mirada directamente hacia el eje central de la fotografía, transmitiendo orden y armonía.


Colocar los horizontes 

En paisajes, solemos tender a centrar el horizonte, pero esto suele restar fuerza visual salvo que busquemos simetría. La ley del horizonte indica que es mejor situarlo en uno de los tercios horizontales. Si el suelo es el protagonista, coloca el horizonte en el tercio superior. Si prefieres destacar un cielo espectacular, ajústalo al tercio inferior para darle más espacio y peso visual.


Descentrar horizontalmente (el “aire” de la fotografía) 

Al aplicar la regla de los tercios para descentrar a una persona, debemos respetar la ley de la mirada. Esta norma consiste en dejar más espacio libre (o «aire») hacia el lado al que mira el sujeto. Así, guiamos la vista del espectador siguiendo su dirección natural y logramos una composición mucho más equilibrada y fluida.

De igual forma, si fotografías un objeto en movimiento (o que parece que va a desplazarse), deja siempre más espacio libre hacia donde se dirige. Esta técnica, conocida como la ley del movimiento, aporta dinamismo y profundidad a la escena, evitando la sensación de que el sujeto está «chocando» con el borde del encuadre.

Líneas maestras y puntos de fuga 

Aprovechar las líneas guía naturales (aceras, cables, vías o hileras de objetos) es una técnica excelente para generar perspectiva. Estas líneas, ya sean horizontales, verticales o diagonales, dirigen la mirada y aportan tridimensionalidad. Para maximizar la sensación de profundidad, intenta que una línea nazca cerca de una esquina del encuadre y se dirija hacia uno de los puntos fuertes de la imagen.


Puntos de vista (altura) 

La altura del disparo es un recurso compositivo clave que solemos olvidar por la costumbre de disparar siempre a nivel de los ojos. Al agacharte o buscar puntos elevados, modificas por completo la perspectiva, alteras las líneas de la escena y permites que nuevos elementos rellenen el encuadre. No te limites a tu propia estatura: jugar con diferentes alturas es la forma más sencilla de transformar una foto corriente en una imagen con una narrativa visual potente.

En el retrato, la altura de la cámara no solo cambia la perspectiva, sino también la psicología de la imagen. Tenemos tres opciones principales: a nivel de los ojos (neutra), por encima (picado) y por debajo (contrapicado). Al disparar a una altura neutra, situamos al espectador al mismo nivel que el sujeto, transmitiendo una sensación de equilibrio, cercanía e igualdad.

El contrapicado consiste en situar la cámara por debajo del nivel de los ojos. Este ángulo magnifica al sujeto, ya que lo coloca en una posición de poder respecto al espectador. Es una técnica ideal para transmitir fortaleza, imponencia o superioridad, haciendo que el personaje fotografiado parezca más dominante y grandioso.

Por el contrario, el picado sitúa la cámara por encima del sujeto, presentándolo desde una posición inferior respecto al espectador. El efecto visual de este ángulo es claro: transmite fragilidad, debilidad o inferioridad, haciendo que la figura parezca más pequeña y vulnerable dentro del encuadre.

El fondo 

A menudo olvidamos el fondo, pero un escenario descuidado puede arruinar por completo una buena fotografía. Debemos buscar siempre un fondo que acompañe y potencie al sujeto. Si el entorno no ayuda, un simple cambio de posición —ya sea agachándote, subiéndote a algo o desplazándote lateralmente— puede transformar un fondo caótico en uno mucho más limpio y profesional.

Para que una imagen tenga fuerza, el sujeto debe contrastar con el fondo. Si ambos comparten el mismo color o iluminación, corren el riesgo de quedar «empastados», dificultando su distinción. Como se ve en los ejemplos, un fondo de color similar al motivo principal le resta protagonismo; sin embargo, al usar colores contrastados o desenfocar el fondo, logramos resaltar al sujeto y darle toda la importancia visual que merece.

El desenfoque del fondo es una de las técnicas más eficaces para separar al sujeto de su entorno. Al jugar con el foco, diriges la atención del espectador exactamente a donde quieres, haciendo que los elementos secundarios pasen a un segundo plano. Esta profundidad visual no solo limpia la imagen, sino que convierte al motivo principal en el protagonista absoluto de la escena.

Complejidad 

Una imagen caótica o demasiado compleja suele perder su atractivo porque el espectador no identifica qué es lo importante. Las fotografías con motivos principales claros son las que mejor funcionan; para lograrlo, es fundamental evitar elementos distractores que desvíen la atención. Recuerda que, en composición, menos es más: cuanto más limpio y ordenado sea el encuadre, más fuerza visual tendrá tu captura.